La inminente finalización de los programas Ahora volvió a encender todas las alarmas en el comercio misionero. Con vencimiento previsto para el 31 de marzo y sin definiciones oficiales sobre su continuidad, el sector empresario advierte sobre el riesgo concreto de un derrumbe de las ventas en un contexto económico ya golpeado.
La preocupación no es menor. En los últimos años, los programas Ahora se consolidaron como el principal sostén del consumo interno en la provincia, al permitir compras en cuotas sin interés y con reintegros. En numerosos rubros, explican entre el 70% y el 80% de las operaciones, lo que los convierte en una herramienta estructural más que en un incentivo coyuntural.
El escenario actual potencia la incertidumbre. La economía atraviesa una fase de recesión, con caída del poder adquisitivo, retracción del consumo y dificultades crecientes para acceder al crédito. En ese contexto, los programas Ahora funcionan como un amortiguador clave tanto para las familias como para los comercios.
Sin embargo, del lado del Estado, la situación también es crítica. La provincia enfrenta una fuerte caída de ingresos reales producto de la baja en la coparticipación y la recaudación, en un marco donde los gastos continúan presionados por la inflación. Según datos oficiales arrojados por el ministro Adolfo Safràn, el desfasaje ronda los $40.000 millones mensuales, lo que obliga a un esquema de ajuste y control del gasto.
Ese proceso de reorganización fiscal pone en duda la continuidad de programas que implican un alto costo, como los Ahora, cuyo financiamiento recae principalmente en la Provincia y en las entidades bancarias, con menor participación de los comercios.
La tensión es evidente: mientras el Gobierno busca sostener el equilibrio fiscal, el sector privado advierte que quitar esta herramienta en el actual contexto podría profundizar la crisis.
Desde el comercio describen el momento como uno de los más complejos de los últimos años. Las ventas vienen en caída sostenida, incluso en fechas clave, y muchas pymes operan con márgenes mínimos. En ese escenario, los programas Ahora no solo impulsan el consumo, sino que garantizan un piso de actividad y que los comerciantes puedan pagar sueldos de empleados.
Los números reflejan su peso en la economía local. En el bienio 2024-2025, el programa movilizó más de $160.000 millones, consolidándose como el principal motor del comercio en Misiones.
Por eso, la posibilidad de su discontinuidad genera un efecto inmediato de alerta. La preocupación no se limita a la caída de ventas: también alcanza al empleo y a la supervivencia de numerosos negocios que dependen de este esquema para sostener su funcionamiento.
En el fondo, el debate expone una tensión estructural. En una provincia donde el consumo interno es central, cualquier recorte en herramientas que lo dinamizan tiene impacto directo en la actividad económica.
Con el vencimiento encima y sin certezas, el comercio misionero transita horas decisivas. La continuidad —o no— de los programas Ahora puede marcar un punto de inflexión en un año que ya viene marcado por la recesión y el ajuste.
fuente: Misiones Opina
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